Hace algunos ayeres me encontraba buscando trabajo en un periódico para comenzar a ejercer algo respecto a mi carrera. Pues, como podrán imaginarse, pertenezco a ese pequeño mundillo de gente que optó por intentar vivir de las ramas humanísticas. El rechazo, que era un hecho casi seguro desde antes de llegar a la entrevista, no me tomó por sorpresa. Después de todo, competir contra personas con más experiencia, con más originalidad y en especial con más atributos visibles, desde la vista de los hombres heterosexuales, me convertía en el candidato menos ideal.
Sabiendo que llevaba todas las de perder, antes de entrar a la entrevista, ajusté mi cardex con calificaciones bastante altas, puse hasta arriba mi currículum en el cual incluía publicaciones que se me habían otorgado en el extranjero, bajé mis lentes y crucé la puerta. Recuerdo esas palabras: “No se trata de que tú te consideres bueno escribiendo; se trata que tus lectores te consideren bueno. Igual, deja tus papeles por ahí… Si se abre una vacante, te llamamos. Nosotros, siempre buscamos licenciados en letras; son brillantes”.
A partir de ahí, continué publicando, di talleres literarios y actualmente estoy a cargo de uno. No fui parte del nepotismo mexicano. Ni siquiera considero que las apreciaciones de aquel sujeto hayan sido erróneas; al contrario, no me considero alguien bueno escribiendo, ni considero que mis lectores me lean así. Sin embargo, entre él y yo había distancia abismal. Él pensaba en momentos raudos y modas, en títulos como “No aguantó ni cinco disparos” o “La educación está en decadencia”. Yo buscaba cosas sencillas, como el olvido.
Esta página que ahora dirijo no tiene los mil años de antigüedad. Esta propuesta es efímera como sus lectores lo deseen. En menos de seis meses y con veintiséis años de vida he logrado reunir un equipo que no le envidia a ninguno otro que se dedique de lleno a elaboración de una revista; entre actores de teatro, personas con el grado de maestro y lo más importante, personas que no son del mundillo de las letras, pero que, ofrecen realidad en cada uno de sus textos. Este equipo ve, tanto en el taller como en esta página, una vía de escape, un lugar idóneo para la creación literaria, así como de nuevos horizontes a nivel de perspectivas.
Distancia no nace como una revancha, no nace del resentimiento, ya que, sin reconocimiento, ni publicidad; sin lectores interesados en nuestro trabajo, podemos decir que esta páginas eterno.
Somos distancia
Somos Distancia
08 SEP 2025/Daniel Sánchez Hernández/ Distancia dice